Epidemia de dengue asola Centroamérica, es letal en Honduras

WSAV Ahora

En esta imagen, tomada el 20 de agosto de 2019, un paciente recibe tratamiento contra el dengue en una habitación del Hospital Escuela Universitario, en Tegucigalpa, Honduras. En lo que va de año, al menos 135 personas fallecieron a causa del dengue en Honduras, y casi dos tercios de ellos eran niños. (AP Foto/Eduardo Verdugo)

TEGUCIGALPA (AP) — En un pabellón normalmente reservado para jóvenes quemados, varios niños yacían apáticos bajo mosquiteras, junto a sus preocupados padres. En un día reciente, Carlos Benítez, de 9 años, regresó a casa tras varios días recibiendo líquidos por vía intravenosa mientras los médicos esperaban que bajase la fiebre causada por el dengue.

Pero la doctora Sara Hernández, que supervisa esa sala del Hospital Escuela Universitario, sabía que esa cama se ocuparía pronto, como ha ocurrido con las demás desde que se habilitó la sala en junio en medio de una letal epidemia del virus transmitido por mosquitos.

En lo que va de año, al menos 135 personas fallecieron a causa del dengue en Honduras, y casi dos tercios de ellos eran niños.

Aunque hay más posibles muertes que están a la espera de la confirmación de un laboratorio, Honduras presenta ya de lejos la mayor tasa de mortalidad por el dengue en Latinoamérica este año, y la cepa que afecta a la nación centroamericana parece ser además la más agresiva y letal.

La epidemia golpea a un país sacudido por los disturbios sociales y liderado por un presidente falto de credibilidad desde su reelección en 2017, pese a un veto constitucional que se lo prohibía. Además, Juan Orlando Hernández fue nombrado cómplice en un caso contra su hermano en Estados Unidos por presunto narcotráfico. Los médicos y enfermeras pasaron semanas manifestándose contra sus propuestas de reforma por temor a que derivasen en la privatización del sistema de salud.

Entre la población también había cierto nivel de complacencia luego de cinco años en los que solo se reportaron 16 decesos por dengue. Pero esa es la forma de actuar del virus: unos años de calma seguidos de un gran brote.

Como región, Centroamérica y México ya han registrado casi el doble de casos de dengue que en todo el año pasado. Guatemala, México y Nicaragua tienen el conteo de víctimas mortales en cifras de dos dígitos.

La última vez que el dengue se cobró tantas vidas en Centroamérica y México fue en 2013, según los datos recopilados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Ese año, México fue el más afectado con 192 decesos.

Cuando sucede un brote de esta magnitud, las autoridades médicas suelen encontrarse con que los enfermos no buscan tratamiento lo suficientemente pronto y suelen recibir una atención inadecuada, señaló el doctor José Luis San Martín, asesor regional de la OPS, que visitó Honduras en agosto.

San Martín destacó además que la nación vive una “situación sociopolítica muy tensa”.

“Cuando revisamos la historia del virus, siempre encontramos que hay un grupo de factores externos que pudieron ser manejables”, agregó.

La cifra de menores hondureños muertos en este brote es desproporcionada porque los niños tienen menos defensas y una mayor exposición al ir a la escuela y jugar al aire libre, explicó Hernández, la médico del pabellón dedicado al dengue.

Cuando un brote se da en circunstancias normales y se maneja bien desde el inicio, el dengue no debería causar tantas muertes, dijo San Martín.

La mayoría de los infectados no llegan a desarrollan la enfermedad, pero quienes se infectaron con otra cepa del virus en el pasado tienen más posibilidades de padecer una variedad más severa, a la que a veces se le llama dengue hemorrágico. Puede causar dolor abdominal, vómitos, sangrado y daños en los órganos internos.

Una tarde reciente, docenas de trabajadores de emergencia con equipos de fumigación similares a sopladores de hojas se adentraron en un vecindario de una colina de Tegucigalpa. A medida que los vapores del pesticida envolvían su casa y la calle, Ingrid Hartón dijo que esperaba que esto ayudase a evitar más muertes.

“Dengue siempre tenemos, y muertes a cada ratito”, dijo acerca de la enfermedad.

Roberto Herrera Cáceres, director de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Honduras, apuntó que el gobierno tiene que estar mejor preparado para las epidemias, además de para incendios forestales, inundaciones y otros eventos en la era del cambio climático.

“Nosotros ya no deberíamos estar sufriendo la pérdida de compatriotas o la pérdida de habitantes de Honduras a consecuencia de este tipo de imprevisión”, manifestó Herrera.

El gobierno está abordando el problema ahora a través de la fumigación y la educación, además de mejorar la detección y tratamiento de los casos, apuntó San Martín.

Doce de los 18 departamentos del país están en estado de emergencia desde el 14 de junio. El ejecutivo hondureño declaró la emergencia médica nacional el 2 de julio. Dos semanas más tarde, el presidente Hernández pidió que se tratase el dengue “con la seriedad que se requiere”.

Los reportes de nuevos casos bajaron en las últimas semanas, pero los expertos dijeron que es demasiado pronto para pensar que lo peor del brote ha pasado porque la región sigue en plena temporada de lluvias.

Históricamente, el dengue ha sido una enfermedad estacional. Normalmente, los casos deberían comenzar a declinar en noviembre, con el final de la época de lluvias, y repuntarían de nuevo en junio. Sin embargo, el año pasado el brote comenzó en noviembre. Los expertos estarán muy pendientes para ver si la tendencia se repite, lo que podría sugerir un cambio en la estacionalidad del virus.

De vuelta en el hospital universitario, el más grande de la capital, la madre de Carlos Benítez rememoró la terrible experiencia que vivió su hijo durante una semana. Según Dulce María Jiménez, Carlos se enfermó un lunes en la noche, cuando comenzaron la fiebre y los dolores corporales. Ella reconoció los síntomas del dengue y lo llevó a una clínica local, pero vio que su estado empeoraba. El niño se debilitó hasta el punto de que no podía mantenerse en pie y dejó de hablarle.

Ese viernes lo llevó al hospital y el martes siguiente el pequeño salió del centro por su propio pie.

En casa, Jiménez dijo que limpiaría los tanques de agua de la vivienda y se aseguraría de que Carlos duerma debajo de una mosquitera.

“Es bien difícil, a veces ni se contagia en la casa, ni donde vivimos, sino que tal vez cuando se sale a otros lados y ahí le pica el mosquito”, dijo.

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